La extraña y triste historia de Herculano Guaseño Del Pico Caido – ¡sin acento por favor!- (Crónica despiadada de una Quincena prófuga)

Víctor J. Pérez Montes

Debo… ¡no niego!, pago… ¡No tengo!

Vox populli nacional

Suena el despertador de manera contundente e inmisericorde. Los ojos que mostraban la irritación normal del desvelo, testificaban con el color rojo carmesí, que exhibían la preocupación nocturna, reflejada en las pocas horas de sueño. La velada llevaba 3 noches, y no precisamente por festejo.

Con desánimo real, se tambalea con una pesadez que sobrepasa sus propias fuerzas físicas y emocionales. De pronto, piensa en encender el boiler de agua, pero, como una cachetada repentina y con saña, recuerda que el gas se le terminó hace 6 días, “ni modos, me despertaré a la malagueña” replica con cierto grado de humor nuestro buen amigo.

Sale de la vieja regadera titiritando de frío, los viejos y muy familiares gruñidos de las tripas le recuerdan que es hora del desayuno. Se apresura y empieza a ponerse la ropa, y mientras se viste, empieza a recordar todos los lugares, donde compró su desgastada ropa –eso sí, muy limpia, pero muy vieja- tanto los calzones, la camisa, el pantalón y los calcetines con viejos hoyuelos en el talón, y en la zona de los dedos, testifican de manera callada el autorreproche que los ojos de nuestro amigo echa a su indumentaria.

Los viejos zapatos café, -declarados zona de desastre de aldea Pitufos, por aquello de los hongos que tienen- sólo sueñan y exigen con piedad su destitución y de manera honrosa, el descanso eterno, en algún viejo bote de basura de la cuadra, dejando así, un legado testimonial de kilometraje extra, recorrido con mucho gusto y honra, literalmente paso a paso con nuestro bien estimado y atildado amigo.

A los pocos segundos de haber terminado su ritual de vestimenta, –algo que le recordaba de manera lastimosa sus carencias materiales-, camina en dirección a la pequeña y modesta cocina, el viejo y ruidoso refrigerador marca Frigidaire es abierto, y el triste  panorama interior es el siguiente: 5 blanquillos, 2 rebanadas de jamón, unas cuantas tortillas duras, 3 plátanos pasados de maduros son mi menú mañanero, exclama nuestro amigo con tono resignado –el único por cierto para ese día-, otra vez cae en la tentación de pensar y dice para sí: ¡Ah! ¡Ya sé!, voy a ir con Doña Toya a su abarrote a pedirle fiado.

Otra vez, esa fuerza maligna  e invisible, ejerce una fuerza potente e inhumana, que vuelve a golpear a su conciencia y le recuerda que ya no tiene crédito en el susodicho abarrote, hasta no saldar las dos cuentas del mes pasado. ¿Y sí les pido a los vecinos una feriecilla? Osadamente, pensó otra vez. Sin embargo, él mismo hace la réplica: ¡Nombre! Esos ya nomás me ven y ¡se echan a correr! ¡Ni los buenos días me dan!

Se dispone a cocinar. El bote de aceite es puesto de manera diagonal, pasan algunos minutos para que caigan las pequeñas gotas austeras  sobre el sartén viejo y oscuro –del cochambre añejo y reposado-, que pareciera que fue sacado del basurero municipal. La receta -diaria- matutina es omelette de huevo con trozos de jamón y unas deliciosas tortillas de maíz semi-quemadas como complemento. ¡Mmm…! ¡Qué rico! Bueno mejor pienso ésto o no me lo trago…comenta nuestro bien y muy adiestrado chef en la austeridad.

De repente, voltea y ve su viejo reloj de pulso marca Casio, marca las 6:35 am, solo tiene 25 minutos para llegar a tiempo a su clase. De manera acelerada y poco delicada, deja su plato de comida sobre el lavatrastos, y piensa por un momento: De regreso lo lavo, mmm, espero que haya detergente para los trastes, comenta con cierto tono de decepción nuestro héroe de la educación cotidiana.

Al salir de su modestísimo depa de solterón, ubicado en la azotea del Edificio Romo, por allá en la calle Constituyentes en el Centro de la ciudad –que en realidad era el cuarto de servicio y mantenimiento, transformado en departamento de pobresor preparatoriano-, observa a lo lejos, un ser monstruoso con colmillos de lobo y garras de tremendo fauno, con camisa de color amarilla pálido, pantalón azul y gorra con un símbolo de llavecita; y en esos momentos tortuosos y angustia imparable, nuestro amigo expresa facialmente una mezcla de sorpresa con terror, como sí un tiburón blanco abriera las fauces para tragarlo y hundirlo en las entrañas de los terribles intereses que mes tras mes devoran la conciencia y el buen dormir de nuestro buen y ponderado amigo, cuyo nombre responde a: Herculano Guaseño Del Pico Caido –sin acento ¡por favor! , para que no se escuche tan anti viril el asunto-.

 Su centro laboral es la Prepa 8, mejor conocida como la Prepa Pimienta, que conmemora a uno de nuestros mas celebres héroes nacionales en la Revolución de la música: El Gran y único Sargento Pimienta. Y la pregunta obligada, ¿Qué materias brinda en la enseñanza a la ansiosa comunidad estudiantil? La respuesta es sencilla: Lástima Universal 1 y Miseria Contemporánea Universal. Cualquier parecido a la cruda y triste realidad es una mera coincidencia, se los aseguro.

De camino a 2 cuadras al trabajo, hay un pequeño cajero de Banrrobo, -el banco del ahorro, según su slogan-  yempieza a rezar a su santo con gran devoción, para que ahora sí esté la famosa quincena prófuga, que por 5 días ha marcado una terrible soledad en su cartera.

Con fuerza y gran devoción, inicia persignándose y recitando la oración a su Santo patrono de la siguiente manera: San Jesusito Malverde siempre ladrón, tú que eres el gran protector de las pútridas sabandijas de este pueblo, que con tu Hummer les pases por encima y con tu sacro santo cuerno de chivo, carraquees a todos las ratas y sanguijuelas chupeteadoras del presupuesto preparatoriano, tu que le das a otros con abundancia y sin demora, haz que en ésta hora, me depositen tan anhelado pago, porque el del agua, la luz, la Coppel, la renta no esperan y las tripas me gruñen como perro que defiende a su sacrosanto hueso. Sea en el sacramentado nombre de John, Paul, George and Ringo. Ameeeeeen…

La impaciencia hacía presa a nuestro buen amigo Herculiano. Metía la tarjeta de nómina al cajero automático, y la computadora empezaba a leerla. De pronto una cifra: $4.50; la cara empezaba a deformarse. Sus ojos empezaban a ponerse de color rojo sangriento, irritados por el cansancio y por lo que veían en la pantalla, el cachete izquierdo empezaba a mostrar un viejo tic de nerviosismo y desesperación.

Las lágrimas eran de esperarse. Las  mismas brotaban de manera lenta y con una paciencia, que sólo el frío y húmedo correr del lagrimeo, hacía la función de refrescar las ardientes mejillas, que entre la rabia, la desesperación y sobre todo la impotencia, de no recibir su pago, se empezaba a gestar en su pecho un grito terrorífico, peor que los de las películas de Horror de Hollywood.

De pronto lanza su grito: ¡Hijos de su putridísma roñaaaaaaa!, ¿Hasta cuándo van a pagaaaar? ¡Sanabaganeeeeeees! En ese instante que deja de gritar, suena la chicharra para anunciar el inicio de su clase; aturdido, reacciona y al querer correr, se resbala con una alcantarilla abierta – ¡que por supuesto! Nuestro Alcalde municipal, va a decir, que el culpable es Herculiano, porque no se fijó que estaba abierta-, cae y se golpea la cabeza, pasan algunos minutos, y el sonido de la alarma lo empieza a despertar.

Empieza a abrir sus ojos, poco a poco, y la chicharra sigue sonando. Abre totalmente sus ojos y se da cuenta que aún está en su cama, con sudor en la frente, pasa su mano para quitarlo de sus ojos y confirma que son las 5:00 de la mañana, aún está oscuro, y empieza a decirse a sí mismo: Todo fue un sueño, pero, ¡Ojalá hoy si paguen!

Comentarios…no te quedes con las ganas: Facebook: Víctor Pérez, e-mail: vyctor_pm@hotmail.com

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