Ante la crisis actual, convertir a Culiacán en un referente de desarrollo económico y reconstrucción social representa la vía estratégica para recuperar la dignidad humana y reconstruir la paz social.
Un punto de partida para este análisis es la cuestión ¿qué relación existe entre la actual circunstancia morfológica de nuestra ciudad y la crisis socioeconómica derivada por la mal llamada guerra del narcotráfico? Parece algo normal la convivencia espacial caracterizada por la expansión dispersa, espacio público debilitado y de fragmentación socioespacial.
El propósito de este artículo no es combatir el narcotráfico con planeación urbana, sino de discutir una probable construcción de alternativas territoriales viables y sostenibles que reorganicen los incentivos sociales y económicos que determinan la fragilidad espacial de una urbe que materializa una profunda desigualdad.
Por sí solo, un elemento urbano no puede hacer cambios radicales a las inercias de la práctica social, por lo cual, la sugerencia apunta al mapeo de dicho tejido comunitario como el principal constructo de estrategias de revitalización, estas últimas, por leyes de convivencia integradas por la colaboración, confianza y liderazgos necesarios para configurar barrios operativos y resilientes propuestas por Robert Putnam el siglo pasado.
Revisando la dinámica de las últimas décadas de la ciudad, atrajo población circundante de manera gravitacional derivado de su oferta de actividades económicas, amenidades y diversidad, es algo común en cualquier sector del planeta, así lo explica el reporte y análisis de Crecimiento y Acceso a Oportunidades en América Latina de 2017.
Como consecuencia, según Inegi, la población de Culiacán en su zona urbana creció de 340, 000 en 1986 a 808,416 habitantes al día de hoy y 40 años más tarde, más del doble de población. ¿Por qué sucede esto? Betina Bock describe que la interacción social en redes funciona como vaso comunicante en el intercambio de mercancías y servicios, a mayor concentración, mayor conexión entre individuos, virtud de las ciudades, defecto de las periferias rurales.
Las ciudades así, se han convertido en el entorno donde suceden las cosas, así lo refiere Henri Lefebvre donde el espacio importa para la cohesión, es el lugar oportuno pero no exclusivo para la reconfiguración económica. En ese mismo sentido, Allen J. Scott encuentra que las ciudades son definidas por un mapa de intercambios de bienes y servicios, el borde de la ciudad y de las transacciones es uno mismo. Antonio Escotado aclara que esto más bien versa sobre los intercambios patrimoniales, pues un individuo permuta como economía de mercado algo que posee y necesita un tercero.
¿Alguna vez hemos planificado considerando esto? ¿Quién se encarga del territorio? Ahí, sitio y gobernanza son una misma cosa, Cristina Zurbriggen explica que hay dos formas de gobernanza, de arriba hacia abajo (jerárquico) o de abajo hacia arriba (heterárquico), este último, de autodeterminación de los grupos de manera descentralizada, barrios e instituciones, de centros representativos de decisión barriales, de un organigrama de los actores.
Este empoderamiento de las bases, da el ejercicio de decidir su destino sin obedecer los periodos democráticos, de no sujetarse a ciclos discontinuos tanto en acciones como en atribuciones, de distinguir los problemas comunes y de fincar objetivos satisfactorios, de beneficios pero también responsabilidades, se trata de vivir en un pacto de empoderamiento. Este factor es la pieza primordial de la estrategia de la reconfiguración de los barrios.
Dicha construcción del territorio se centra en la reconstrucción del tejido social de sectores urbanos “Para que sea prosperidad, tiene que ser compartida” Periferias y marginación son una misma cosa, si la infraestructura urbana es escasa, la competencia entre individuos por el espacio servido no arroja resultados de paz social.
Los ayuntamientos tienen la potestad del territorio y basan sus ingresos para la honorable labor de regresar infraestructura urbana de desarrollo. Sí se observa la circunstancia actual de Culiacán, es de una ciudad extendida en166 km2 o bien, 54 habitantes por hectárea de lo cual, carece de la densidad óptima para alcanzar dinámicas socioeconómicas que son a partir de 200 habitantes por hectárea. No hay materia humana para la cohesión.
Una realidad es que los gobiernos municipales están obligados a dar y mantener una vasta extensión de infraestructura territorial, calles con instalaciones de agua, electricidad, alumbrado, drenaje y espacio público, sin embargo le toca brindarlo con un bajo porcentaje de contribuyentes en un extendido territorio. Se trata de una formula perdedora mientras no se densifique la ciudad, no hay posibilidad de estandarizar las infraestructuras morfológicas de la urbanidad, no todos los lugares están constituidos iguales pues las arcas siempre están quebradas, es necesario revertir este contexto, el de poder tasar una considerable cantidad de contribuyentes en un área compacta.
En conclusión, esta crisis local no puede entenderse como un problema exclusivo de seguridad, su origen es reflejo de variables de configuración territorial que han profundizado la fragmentación social, la desigualdad y la debilidad de los vínculos comunitarios. Frente a este panorama, la reconstrucción de la paz requiere repensar la ciudad desde sus barrios, fortaleciendo la gobernanza local, la cohesión social y sobre todo, las oportunidades económicas compartidas.
La densificación urbana y el transporte colectivo y masivo forman estrategias que catalizan el uso más eficiente del suelo, con ello es factible una política fiscal orientada al desarrollo territorial que por sí solos no constituyen fines en sí mismos, sino instrumentos para construir entornos más equitativos, habitables y resilientes. Sin una visión colectiva de ciudad y sin ciudadanos organizados que participen en la definición de su futuro, cualquier esfuerzo quedará sujeto a la improvisación y a los ciclos políticos.
Convertir a Culiacán en un referente de desarrollo económico y reconstrucción social implica reconocer que la prosperidad sólo es alcanzable cuando es compartida. La recuperación de la dignidad humana y de la paz social comienza, en última instancia, por reconstruir el territorio como un espacio de encuentro, corresponsabilidad y esperanza colectiva.
Referencias
Bock. (2016). Rural Marginalisation and the Role of Social Innovation; A Turn Towards Nexogenous Development and Rural Reconnection. Sociologia Ruralis, 56(4), 552–573. https://doi.org/10.1111/soru.12119
CAF, C. A. de F. (2017). Crecimiento urbano y acceso a oportunidades: Un desafío para América Latina (pp. 1–290). https://scioteca.caf.com/bitstream/handle/123456789/1090/RED%202017%20esp.pdf
Putnam, R. (1995). Bowling Alone: America’s Declining Social Capital. https://doi.org/10.1007/978-1-349-62397-6_12
Scott, A. J. (2014). Beyond the Creative City: Cognitive–Cultural Capitalism and the New Urbanism. 1–14.
Zurbriggen, C. (2011). Gobernanza: Una mirada desde América Latina. En Perfiles Latinoamericanos (Vol. 38, pp. 39–64). https://www.redalyc.org/pdf/115/11519271002.pdf



